Prensa
- Diario La Nación · 4 Feb 2000
>> Payaso, pero de exportación
El argentino Chamé Buendía
se integró al prestigioso Cirque du
Soleil
Datos para armar: por un lado, el Cirque
du Solei, una impresionante fábrica
del entretenimiento al servicio de una concepción
estética circense que significó
un punto de inflexión para un arte
milenario. Por otro lado, Gabriel Chamé
Buendía, actor/clown argentino que
se convirtió en uno de los protagonistas
de la movida de los años ochenta.
La oferta de esta gran maquinaria circense
canadiense abarca siete espectáculos.
Uno de ellos es "Quidam", que actualmente
está de gira por España. Allí,
como suele ocurrir en cualquier lugar donde
se presente, se ha transformado en todo un
éxito. "¡No puede ser!",
tituló el crítico del diario
El País como si, aun en medio del trajín
de una redacción, todavía estuviera
envuelto del asombro que propone el espectáculo.
El Cirque es una caja permanente de sorpresas
y en "Quidam" habrá un plus,
una especie de bonus track . Si bien
los cirqueros de este montaje actúan
en un idioma inventando, un argentino que
asista a ver "Quidam" quizá
detecte un dejo porteño en uno de los
payasos. Es más, hasta reconocerá
un grito inconfundible:el de "Maradooooo..."
"Me di el gusto", dice Gabriel Chamé
Buendía, el encargado de imponer el
alarido cuando hizo las audiciones. Y, en
realidad, este señor con nombre de
personaje de novela de García Márquez
se está dando el gusto de su vida:
formar parte del circo más importante
del mundo. Así, las dos historias se
juntan. Ex integrante del mítico grupo
El Clú del Claun, el que integró
el no menos mítico Batato Barea, Chamé
Buendía recorrió un largo camino
para ocupar ese puesto. Después de
una preselección entre unos 200 payasos
de todo el mundo reunidos en París,
y de dos meses de ensayos, quedó como
clown profesional del Cirque junto a una española
y una belga. A partir de junio, ellos serán
los encargados de hacer reír al público
durante los próximos tres años.
Para afinar la rutina, se reunieron en Madrid
para ensayar en la gran carpa central.
"Durante todo el tiempo de audición
no sabíamos para qué personaje
estábamos ensayando. Cuando me confirmaron
que era uno de los tres elegidos, no lo pude
creer... Para colmo, me dieron el personaje
que yo quería. Tengo unos cuantos números
solos, hago participar al público y
hasta elijo a un espectador para que entre
a escena", cuenta Chamé Buendía
disimulando cualquier tipo de nerviosismo.
Por lo pronto, ahora está en una etapa
fundamental: la de ensayar y ensayar. La de
tomarle el pulso a un escenario circular con
2600 butacas en cuyo centro hará su
rutina este payaso de 38 años que de
chico se reía de Piluso, Payasín
y Firulete.
"En el Cirque -explica entusiasmado-
están los mejores artistas de circo
del mundo. Como los tipos no pueden permitirse
que los números bajen deben renovar."
Por ese "hueco" se metió.
Un hueco que le permitirá entrar por
la puerta grande en el mundillo del circo.
"La estructura del número es la
misma, pero puedo aportar mi matiz",
sostiene. Un matiz que le permitió
incorporar el típico grito de "Maradooo".
"En "Quidam", parece que el
deseo principal de todos los artistas y el
de sus directores es el de que uno crea que,
al salir, podrá hacer estas maravillas
en el pasillo de su casa", sostuvo El
País de las hispanas tierras de Gaby,
Fofó y Miliki.
Viejo y nuevo circo
A lo largo del montaje no hay golpes, ni amenazas,
ni domesticadores de animales porque -simplemente-
no hay animales. A lo sumo, un marco onírico
donde el teatro se mezcla con la ópera,
la danza y la performance. En medio de ese
marco, "el trío de payasos llega
para romper el modernismo de la escena quebrando
el lenguaje estético. Ellos representan
al viejo circo apareciendo desde unos agujeros
que hay en el suelo", cuenta Chamé.
Y para sostener ese mundo de cruces, desde
el suelo y desde las alturas acaparan la escena
artistas de todo tipo. Hasta ex medallistas
olímpicos de gimnasia invaden ese gran
escenario teatral. Un perfecto engranaje sostenido
por 80 artistas en escena y otros 220 que,
10 veces por semana, prenden la maravillosa
tecla de la magia y desparraman sus petates
en 4 carpas que ocupan 20 mil metros cuadrados.
Así son las cosas en esta fábrica
circense que conforma una exquisita comunión
estética con un emprendimiento empresarial
tan arriesgado como excitante. Un emprendimiento
que, estéticamente, dejó su
huella en la Argentina con grupos como La
Trup (ya desaparecido) o en espectáculos
como "Gala", que sigue la idea estética
vectora del Cirque: falta de animales, movimientos
coreografiados, un argumento central y una
sólida presencia musical. Algunos lo
llaman circo contemporáneo. Otros,
nuevo circo. En realidad, poco importa.
Si bien estas carpas del Primer Mundo nunca
pisaron tierras argentinas, en medio de esta
paradójica aldea global, el Cirque
sí conoce nuestro país. Y no
sólo gracias a Chamé Buendía.
En noviembre último estuvieron en Buenos
Aires representantes del Cirque para reclutar
talentos. Se presentaron 475 postulantes y
quedaron seleccionados unos 72 artistas que
esperan el llamado para sumarse al staff.
En esta gran caja de sueños comenzará
a trabajar Gabriel Chamé Buendía.
Aquel que durante los ochenta se ganaba la
vida en las arenas de Villa Gesell o en el
sótano húmedo del ParaKultural
llegó al Cirque du Soleil. ¡Chapeau!
Alejandro Cruz
El gran circo
El Cirque du Soleil fue fundado en 1884. A
lo largo de todos estos años se ha
transformado en una de las empresas del espectáculo
más importantes del mundo. Actualmente,
1800 personas trabajan en la organización.
Quinientas lo hacen en la sede central, ubicada
en Montreal.
Sus montajes, 7 en total, fueron vistos por
18 millones de espectadores.
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/4102
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